Los estudiantes de radio, no es novedad, apuntan a profesionalizar su vínculo con el medio. Lo curioso del caso es que este nuevo punto de vista los va a acompañar de ambos lados del mostrador: tanto cuando produzcan como cuando consuman radio.

Durante la clase de hoy en el ISEC (martes 28 de abril de 2009), hablando del rol de conductor, nos detuvimos en algunos ejemplos en los que “la voz” de tal o cual programa incurrió en ciertos errores en el ejercicio de su papel.

Por las dudas, antes de dar nombres, tomé la precaución de aclarar que me refería a casos en los que el conductor pasaba por alto las características de la radio (limitaciones y potencialidades) y, por ejemplo, presentaba un separador (algo así como hacer la presentación de una presentación), abusaba de la redundancia (haciéndole sentir al oyente que lo estaban tratando de bobo), o confundía su lugar de entrevistador por el del entrevistado (haciendo que el diálogo con su invitado gire alrededor suyo en lugar de la noticia). No se trataba, dije, de hablar de gustos, estilos, subjetividades, si no de pifiadas profesionales.

Al volver a casa y hacer el cotidiano repaso mental de la clase, en la columna del debe anoté, entre varias cosas, la charla sobre nuestra nueva posición como consumidores de radio. Y, aunque sea un tema a conversar en el aula, se me ocurrió que mientras antes hagamos consciente esta cuestión, más pronto vamos a poder sacarle provecho.

Como toda persona que comienza a formarse en algún oficio o profesión, poco a poco van a ir relacionándose de otra manera con su objeto de estudio. En este caso, a mayor conocimiento, curiosidad, práctica, error y perfeccionamiento, van a ir abandonando su hasta ahora característico rol de oyente/consumidor de radio para poner en práctica una escucha más atenta y analítica.

Esto no quiere decir que ya no van a disfrutar de sus programas preferidos, sino todo lo contrario. Ahora, frente a algo que antes pasaba desapercibido (porque no sabían que significaba algo o ni siquiera lo registraban), van a comenzar a visualizar qué pasó y por qué (un ruido, un bache, una pifiada). Y por visualizar quiero decir que van a ver en sus mentes cómo ocurre lo que están escuchando en ese momento. Esto incluye, desde ya, un consumo crítico de conductores, columnistas, cronistas, productores y del programa en general. Poco a poco, y sin darse cuenta, van a diferenciar entre aciertos y errores y hasta se imaginarán de qué otra manera hubieran hecho eso mismo que salió del parlante. Como quien no quiere la cosa, van a pasar de ser oyentes a secas a ejercer como escuchas profesionales.

No permitan que el tiempo, dinero y esfuerzo invertido en clase se convierta en una anotación burocrática del cuaderno o en un simple recurso para zafar de un examen. Apodérense de lo que aprendieron, háganlo propio. Escuchen radio. Cuestionen, critiquen (con fundamento), propongan, mejoren, imaginen. No den por sentado que todo lo que sale al aire está bien. O está mal. Cada segundo de aire tiene algo para ofrecernos, ya sea para incorporarlo a nuestra práctica o para recordarlo como un “así, no; así, no”.